Cambiando de gafas
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Bambú

Estos días me he leído el libro “Tu lienzo en blanco” de Mª José Rosselló y uno de los capítulos se llama “Bambú”. 

Estoy segura de haber leído en más de una ocasión las características de esta planta conocida por todos, pero lo que he leído en el libro de Mª José me ha hecho pararme porque la perspectiva es diferente.

Cuando se planta una semilla de bambú, y se riega y se cuida adecuadamente, los primeros siete años no hay ningún brote. La planta crece hacia abajo, creando unas raíces fuertes y profundas. Pasados esos siete años empieza a brotar el tallo haciéndolo a una velocidad sorprendente. Puede llegar a crecer 30 metros en tan solo un mes. ¡¡1 metro por día!!

Y lo hace siendo una planta flexible y a la vez fuerte que le permite resistir los vientos más feroces y desfavorables.

Si tú tienes una ramita de bambú en casa, en un jarrón alto de pocos centímetros de diámetro, pensarás como yo pensaba que menos mal que este no crece tanto… (sonrisa). La verdad es que hay unas 1.500 especies de bambú y la que tiene estas cualidades es la conocida como bambú japonés (he estado buscando información sobre bambúes, que poco conocía yo sobre ellos). Y sí, he llegado a ver un vídeo donde puedes ver a cámara rápida como crece.

El caso es que se utiliza mucho esta historia del bambú para hablar de la paciencia a la hora de conseguir un objetivo, (lanzar un nuevo proyecto, alcanzar un sueño,…). En muchas situaciones nos parecerá que, aunque nosotros trabajemos en conseguir ese objetivo y pongamos todo de nuestra parte, pasa mucho tiempo sin que veamos resultados y eso puede generarnos frustración. Pero debemos tener paciencia y perseverar porque quizá, como con el bambú, los resultados aún no son visibles, están ocultos bajo la superficie, y pronto el triunfo llegará y lo hará de una manera que nos sorprenderá.

Esta visión de la historia de bambú es la que a menudo había leído, pero Mª José escribe esto:

Así ocurre en la vida también, cuanto más profundices en ti, cuanto más y mejor llegues a conocerte, mayor será tu fuerza, tu flexibilidad, tu capacidad de adaptación y, más rápido tu crecimiento”.

Efectivamente, cuanto más nos conocemos a nosotros mismos, mejor podemos sobrellevar lo que la vida nos depare: Sabremos si tenemos una fortaleza para avanzar en ese momento duro que nos hemos encontrado, o quizá somos conscientes de que tenemos una debilidad y debemos pedir ayuda. Y lo haremos a tiempo, y siendo sinceros con nosotros mismos, sin esperar a que la situación nos supere.

Podremos reconocer patrones de comportamiento ante situaciones similares y decidiremos qué queremos hacer con esos patrones. Cambiarlos o mantenerlos.

Sabremos si un valor nuestro estás siendo traicionado por un comportamiento que no hemos meditado lo suficiente. Nos sentiremos coherentes.

Por eso es tan necesario que nos conozcamos, que dediquemos tiempo a entender por qué hacemos lo que hacemos, por qué nos gusta lo que nos gusta y por qué abandonamos nuestros sueños, si es que algún día nos permitimos averiguar cuales son.

Y no basta con ir a un taller de una tarde o a un curso de una semana. Ni siquiera a un retiro de un mes!! Eso es necesario pero no suficiente. Eso te servirá de pistoletazo de salida si nunca lo has hecho, o si ya dedicas tiempo a conocerte, te servirá de brújula para saber si estás en el camino adecuado o debes hacer algún ajuste. Te darán herramientas para seguir trabajando en el autonocimiento, y tendrás que leer y dedicar tiempo a reflexionar. No es fácil, claro que no!! Pero te dará fortaleza, conseguirás adaptarte mejor a los vendavales que azoten tu vida, y serás feliz. 

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