Cambiando de gafas
Persona sola mirando un lago.
Destacados,  Libros,  Reflexiones

La vida no es un asunto Individual

Leí esta frase en el libro «El guerrero pacífico» de Dan Miller. La frase en sí me dejó pensativa, porque lo primero que pensé fue que hay mucha gente que prefiere vivir su vida en soledad, o en la intimidad, sin dar explicaciones a nadie, sin tener que compartir mucho de lo que haga, sin hablar mucho de «sus cosas».

Seguí dándole vueltas con la siguiente frase del libro: «Una historia y sus lecciones no tienen utilidad si no son compartidas«.

Como todo en esta vida, depende del enfoque que le demos a una frase, podemos estar o no de acuerdo y dejarlo ahí. O podemos reflexionar sobre ella y tratar de sacar alguna conclusión. No estoy 100% de acuerdo con la segunda frase, porque creo que sí pueden ser de utilidad las lecciones que uno obtiene con sus vivencias, pero con la experiencia que yo tengo en mi vida, estoy segura de que compartir con otros nuestros aprendizajes nos genera un beneficio mayor (a nosotros y al que nos escucha).

Como no podía ser de otro modo en este momento, esta reflexión me ha traído a la mente el comentario de algunas personas a las que les hablo de los programas de liderazgo personal que impartimos en Wave 8 y algunas de las dinámicas que tienen lugar en esos programas. Cuando les cuento que en cada etapa de «El camino del Héroe», por ejemplo, cada asistente tiene un tiempo de reflexión personal, un tiempo de compartir en parejas y un tiempo, más reducido, para compartir en grupo, hay quien me dice «yo es que no soy mucho de hablar de mis cosas«. Y aunque puedo entenderlo, les tengo que explicar que están perdiendo algo de mucho valor.

Vaya por delante que respeto muchísimo que cada uno quiera compartir o no su historia, sus vivencias y sus aprendizajes, pero tengo que decir que por mi experiencia, y por lo que he observado en todos los programas que vengo realizando en empresas y el que hemos realizado para particulares a finales de febrero, y en los procesos de Coaching que he realizado estos últimos años, lo que aporta el compartir nuestras historias es realmente impresionante. Nada más lejos de perder la intimidad, como dicen algunos. Al contrario.

El que comparte su historia puede encontrar, como mínimo, dos posibles beneficios.

Por una parte está el momento en el que le cuentas algo de tu historia a otra persona (con la que previamente ha tenido que crearse el contexto adecuado, eso por descontado). En el momento de contarlo te escuchas elegir ciertas palabras que quizá te sorprendan. Puede que te hagan alguna pregunta por la que te replantees si lo que estás contando fue exactamente así, si el aprendizaje era el que pensabas, si te aportó más o menos, si te hizo más fuerte o más valiente, si es una herida aún no cerrada… Las preguntas que te hagas tú al contarlo y las que te haga la persona que está escuchando, suponen una apertura de perspectivas que pueden aportarte una nueva manera de ver esa realidad que tú creías conocer. Créeme que eso puede ser muy enriquecedor. Mi experiencia es que con mucha frecuencia lo es.

Por otra parte, puede pasar que la persona que te está escuchando vea en tu historia una respuesta a algo que le ha pasado a ella. Puede que en tu relato encuentre comprensión por algo que ha vivido, o puede que le sirva para entender que no es la única persona que ha pasado por momentos así. Eso le dará paz, aprendizaje… no sé. Le puede aportar cosas, y te dará las gracias por haberle dado esa nueva información. Eso, al que comparte, te puedo asegurar, le llena muchísimo. Saber que puedes ayudar a otros, es un gran regalo.

Quizá eso fue lo que a mí me empujó, hace algo más de un año, a empezar a escribir este blog. Sabiendo que habría momentos en los que no podría mantener la frecuencia de publicación que me gustaría, pensé que era mejor compartir aunque no fuese con la frecuencia que me hubiese gustado, que dejar pasar la oportunidad de reflexionar yo y de poder aportar a los demás un granito de ayuda en forma de ideas, de preguntas, de respuestas quizás… Ojalá siga aportando eso al menos a una persona con cada post que escribo.

Y aquí se termina mi reflexión. Perdamos el miedo a compartir nuestras historias, porque la historia que se escriba a continuación, quizá esté más enriquecida, o no… quién sabe?

Recuerda que puedes seguirme en Instagram en las cuentas @mreginael y @cambiandodegafas. Puedes seguir también la cuenta de Wave 8 @wave8_way.

Nota: Photo by pawel szvmanski on Unsplash

4 Comentarios

  • Eva

    Muy de acuerdo Regi con tu reflexión. Compartir tus experiencias también te da seguridad en ti mismo, hayan dejado un sabor dulce o amargo, es un síntoma de haberlo superado o no haberte quedado acomodado, es una forma de continuar.
    Un beso
    Ya te queda poquito … 😘😘

    • Regina Estévez

      Efectivamente Eva, me encanta eso que dices «es una forma de continuar». Muchas veces es también una manera de «cerrar» algo que estaba pendiente. Gracias por comentar, y por estar ahí siempre.
      5 semanitas nada más… me quedan.
      Un besazo!

  • Eva G

    Compartir puede ser difícil, tenemos miedo de «inspirar» demasiado, sentir el rechazo o simplemente no consideramos que nuestras cosas puedan aportar nada a nadie. Y sin embargo cuando consigues romper esa barrera autoimpuesta, se abre ante ti un mundo de posibilidades. Un mundo donde ves las cosas que sumas, y la cantidad de cosas que el universo te devuelve en forma de trabajo, aprendizaje, experiencias… y un camino que, aunque pueda tener algún tropiezo, te aporta mucho más.

    • Regina Estévez

      Gracias Eva!! Es cierto, que a veces nos da reparo lo que los otros puedan decir… y como bien dices es una «barrera autoimpuesta».
      Gracias por leerme y por comentar!
      Un abrazo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *