Cambiando de gafas
Más Conversaciones. Menos asunciones
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Más conversaciones. Menos asunciones.

«Hablando se entiende la gente». Mira que lo sabemos, y lo que nos cuesta ponerlo en práctica.

Quizá porque todavía no hemos llegado a ese estado mental en el que uno piensa (como decía un buen amigo mío): «yo prefiero ser feliz que tener la razón«. Y a veces, nuestra cabezonería nos impide escuchar lo que nos está diciendo el de enfrente, porque quizá si nos da una explicación no podemos engancharnos a ese enfado que tan bien se ha instaurado en nosotros. Y tendríamos que decir que nos hemos equivocado enfadándonos…

La ira nos juega malas pasadas. Cuando alguien nos molesta o nos hace daño con sus palabras, con un comportamiento, esa ira no nos da el permiso para acercarnos y decir con buenas palabras (aunque haya dolor) «me ha dolido eso que has hecho«, o «no me parece bien lo que has dicho» o «necesito entender por qué te comportas así«… Esa ira es como el diablillo que hemos visto tantas veces en los dibujos animados, que se posa en el hombro del personaje y le alienta a enfadarse más, alimenta sus dudas e imagina una versión de los hechos bastante equivocada en muchas ocasiones.

Y así, con nuestra imaginación a toda velocidad, empezamos a crear en nuestra cabeza una historia que da todo el sentido para nosotros de por qué el otro ha dicho lo que ha dicho, por qué ha hecho eso que tan mal nos ha parecido…

Y si lo piensas un segundo, sabes que eso te ha pasado alguna vez. Ser tú el que no entiendes por qué se ha enfadado la otra persona, por qué te contesta mal tu pareja un día, o por qué tu compañero de trabajo te mira mal esta mañana. Y si consigues que te explique por qué está así, descubres que ha habido un malentendido, o que quizá sin ser consciente has hecho algo que al otro no le ha gustado. Y puedes explicarte y aclarar la situación. Y puedes pedir perdón si es el caso.

¿Sabes lo bien que sienta aclarar un malentendido? Bueno, sienta bien tener ese espacio para pedir disculpas y aclarar el malentendido. No sienta tan bien el hecho de saber que has hecho daño, o molestado a alguien que te importa. Pero saber que se ponen las cartas encima de la mesa y se aclara todo y que dentro de un año no te recordarán algo que hiciste que sentó mal, algo que ni recuerdas! Eso a mí me parece genial.

No asumas que el otro dijo lo que dijo para molestarte, para reírse de tí… Habla con él/ella y explícale qué te molestó.

No asumas que lo que te contaron de alguien ha sido realmente así. Si te importa, cuéntaselo y deja que te cuente su versión.

No presupongas lo que el otro ha pensado al hacer lo que hizo. No asumas que era consciente de que te hacía daño. Díselo.

No asumas. Habla.

Más conversaciones. Menos asunciones.

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