Cambiando de gafas
Libros,  Reflexiones

Una vida plena

Como comentaba hace unas semanas en la entrada «¿Estás en paz contigo mismo?», ha llegado a mis manos un libro titulado Martes con mi viejo profesor. Y como decía en esa entrada, ya intuía que el libro iba a inspirarme para escribir más de una vez…

Esta entrada la empecé hace tiempo, pero otras se le han adelantado. En cualquier caso, el contenido aplica en cualquier momento.
La reflexión que me ha inspirado el libro gira en torno a una frase que he oído decir a alguna persona que ronda los 70 años, y que suena tal que así: «cómo me gustaría volver a tener 20 años».
 
He oído esta frase en pocas ocasiones, es cierto, pero sí lo suficientemente cerca como para que al leer algo parecido en el libro, me hiciese reflexionar. Yo ahora mismo no pienso así, no pienso «ojalá volviese unos años atrás«, ni conozco gente de mi edad que lo diga. Pero quién sabe. Quizá las haya. Ya sabes, eso de «cualquier tiempo pasado fue mejor…»
 
La cuestión es que en el libro he encontrado respuestas a cómo puedo yo librarme (cómo podemos todos librarnos) de tener esos pensamientos cuando me vea ya un poco más mayor.

«La cuestión es aceptar quién eres y gozar de ello”.

 “Es imposible que los viejos no envidiemos a los jóvenes» dice el protagonista del libro, «…la cuestión es aceptar quién eres y gozar de ello”.
«Gozar de ello…» 
Ahora mismo yo estoy en una situación vital que no tenia hace 20 años. No tenía a mis hijos, por ejemplo, ni a mi pareja. No tenía claro qué quería hacer con mi vida, qué sentido le podría dar.
Por supuesto no tenía la mitad de preocupaciones que tengo ahora, ni de responsabilidades, más allá de estudiar y aprobar cada asignatura de la carrera. Pero ya. Nada trascendental.
No estaría dispuesta a renunciar a todo lo que tengo ahora por volver atrás. Ganaría en horas de sueño, sí, y en mejor estado físico, también, pero lo que perdería tiene para mí muchísimo más valor. 
No se cuántos años tienes tú que me estás leyendo ahora mismo. No se en qué situación estás.
Si estás como yo en torno a los 40, quizá sientas lo que siento yo. Pero si eres mayor es posible que sientas el anhelo de aquellos tiempos.

Me da pena pensar que cuando envejezca pueda estar triste por el paso del tiempo. Me gustaría seguir viviendo una vida con sentido. Incluso aunque me toque vivir alguna enfermedad. A mi, me gustaría que todo tuviese sentido. Creo que es difícil (como tantas cosas buenas en esta vida). Pero quiero pensar que si cada día que pasa le doy sentido a lo que hago…, si cuando tenga 60 años sigo siendo un referente para mis hijos y quizá mis nietos…, si soy una fuente de afecto para ellos… si sigo aportando a mis amigos y conocidos, a la sociedad… Eso seguramente le de muchísimo sentido a mi vida. Y en ese caso (quiero y deseo que así sea) no estaré pensando en que ojalá volviese a tener 20 años para volver a vivir algunas cosas.

“Tienes que encontrar lo que hay de bueno, de verdadero y de hermoso en tu vida tal como es ahora. Si miras atrás, te vuelves competitivo. Y la edad no es una cuestión de competitividad”.

El protagonista del libro, el maestro, dice: Tienes que encontrar lo que hay de bueno, de verdadero y de hermoso en tu vida tal como es ahora. Si miras atrás, te vuelves competitivo. Y la edad no es una cuestión de competitividad”.

Me quedo con estas reflexiones. De vez en cuando pensaré en ello, intentando en cada momento encontrar «lo que hay de bueno, de verdadero y de hermoso en mi vida«. Con suerte, cuando pasen unos años, me recordaré que haber pensado hoy así me ha servido para no vivir deseando cualquier tiempo pasado…

¿Qué opinas tú? ¿Crees que es posible? No dudes en dejarme tu comentario para compartir qué opinas al respecto.

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